Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 
 
El País

26 de Mayo de 1996


ARTE MIGUEL CONDÉ

La magia del grabado

Cabe dentro de lo posible que dentro de unos años nos sorprenda el anuncio de una gran exposición antológica de Miguel Condé en un importante museo, al estilo de las últimas reivindicaciones de cierta figuración que se mantuvo incólume, en sus trece, mientras reinaban las vanguardias. Mexicano, nacido en Pittsburg (Estados Unidos) en 1939, pasado por Nueva York, donde estudió anatomía, cruza por primera vez el charco gracias a una beca que le lleva a París en 1993. Europa le atrapa. Se mueve entre Madrid, Sitges, París y Cadaques. Ahora expone en Venecia y el próximo otoño lo hará en Barcelona. 

Este genuino cosmopolita es el clásico pintor clásico, por decirlo de alguna manera, que domina todas las técnicas. Telas, cartones, dibujos, tinta china, acrílicos, lápices, raros tipos de papel... Sobre su mesa se acumulan, cual material quirúrgico, bosques de pinceles y montañas de pigmentos, materia que se quedó fuera. Y todo danza al mismo tiempo en su estudio; hay cuadros inacabados que tal vez están acabándose solos, recostados en la pared, mientras Condé se dedica a otra de sus pasiones: el grabado, a la que dedica enormes dosis de paciencia y minuciosidad, con esa técnica que parece venir de una lección de anatomía en la que hubiera que explicar el sistema circulatorio. 

El que ocupa estas dos paginas, Autour du desir, es el mejor ejemplo de cómo concibe Condé el grabado. Se hizo una tirada de tan sólo 30 ejemplares, pero para llegar al resultado final hubo que hacer al menos otras 30 pruebas, cada una diferente, cada una más cercana a la perfección. Porque hay que decir que junto al artista estaba el grabador. Y mirando ahora el resultado final se ve claro que todo encaja, se explica, porque esta imagen, estas figuras togadas, teatrales, intemporales, sólo hubiera podido ser grabada en una callejuela del viejo Madrid, en un decadente palacete del siglo XVII, por Dan Albert Benveniste, un joven danés de origen sefardí que, además de grabador, ejerce también de marchante, galerista y hasta mecenas de una cierta colonia off off del mundo del arte de la Villa y Corte. 

No importa cuál haya sido el viaje circular de Benveniste, un perfeccionista que asegura que tiene la única estampadora con cilindro macizo. Lo más probable es que el destino quiso que se instalara en Madrid sólo para encontrarse con Condé. Y viceversa.

Texto: J.M.Martí Font