Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 
CONDÉ Y EL CARNAVAL
Centro Cultural Conde Duque. Conde Duque 11. Madrid. Hasta enero.

Miguel Condé (Pittsburgh, Pennsylvania 1939) es una pintor de orígenes mezclados (su padre era mexicano y su madre norteamericana) y destino cosmopolita: formado en Nueva York y París, pasó por una etapa de inspiración mexicana y terminó aclimatándose en Europa. En los setenta se vino a vivir a España y entró en el escenario madrileño en 1974 con una ya célebre exposición en la galería de Juana Mordó.

Esta retrospectiva- treinta y cinco pinturas y dibujos desde 1975 hasta hoy- recapitula su evolución. Tras algún tiempo retirado al dibujo o el gouache, en los últimos años Condé ha vuelto a atreverse con la pintura al óleo y con los grandes formatos. Desde los colores atenuados de los 70, su pintura ha avanzado hacia fórmulas más audaces; ahora, la factura delicada y clásica de los rostros de sus figuras convive con formas geométricas y extensos planos de color saturado

Tanto por su maestría en el dibujo como por sus complejas composiciones de resonancias alegóricas. Condé me parece emparentado con otro apátrida, R.B.Kitaj.

Condé utiliza dos disciplinas clásicas, la fisiognómica t la anatomía, para experimentar perversamente con la figura humana. Sus rostros, ante todo, son variaciones extremas sobre un tipo grotesco, de ojillos punzantes, nariz grande y boca sin labios, que procede de El Bosco y de Brueghel el viejo. La lección de anatomía, por otra parte, donde los médicos examinan un cuerpo desmembrado, es un modelo latente o explícito en muchos de sus cuadros.

A veces el cuerpo no se fragmenta: se vuelve elástico y fluido, se deforma a la medida de los deseos líquidos. los ojos se deslizan caprichosamente hacia un lado. Los brazos se alargan de modo inverosímil y ondulan como tentáculos. Eva conversa con su alter ego, la serpiente, que es la metamorfosis de su propio brazo. Un hombre extiende otro brazo interminable para tocar a una mujer, en un gesto que evoca "La novia judía" de Rembrandt.

Condé casi nunca pone título a sus cuadros, acaso para no dar pistas; pero están llenos de intrigantes posibilidades narrativas. Sugieren situaciones universales: unos comerciantes que negocian, unos pretendientes que se disputan a una mujer o unos médicos que discuten sobre el estado de un paciente. Sin embargo, esos personajes no parecen auténticos comerciantes, pretendientes o médicos, sino dementes que han adoptado esos papeles, como en aquella pieza de Peter Weiss: "La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat", representado por el grupo de teatro del Hospicio de Chareton bajo la dirección del Señor de Sade.

Es el teatro dentro del teatro, y el mundo entero como carnaval. con una lucidez cruel, (vinculada a la vez con el drama barroco y con Samuel Beckett) nos ofrece su apasionante retablo de la condición humana.

Guillermo Solana