Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 
2 DE NOVIEMBRE DE 1989
JUEVES
HERALDO DE ARAGÓN
   
Decor-Art  
MIGUEL CONDÉ

Me convence más como dibujante y, en una lógica secuencia, por la categoría de su obra gráfica, aunque también sea un notable pintor, de clásicos cimientos, de los que conocen y digieren la impronta de los maestros para hacerla carne propia. Me refiero a Miguel Condé, artista bien conocido en Zaragoza, donde le vemos periódicamente, a partir de su importante muestra de 1985. Nació en Pittsburgh (USA), hijo de padre mexicano y madre norteamericana. Y sus avatares fueron múltiples, hasta fijar al residencia en Sitges y en París.

La claridad mediterránea para sus lienzos, en fin, mientras el tórculo permanece en la urbe de la luz, rica en presencias. Por ello es muy posible que cada una de las localidades se refleje en una faceta de su obra. Que se aglutina por la temática y sabe pulsar distintas teclas de factura.

Esta vez se trata, como otras en Deco-Art, de una muestra reducida que incluye, sin embargo, ejemplos de sus principales capítulos, con muy buenas cotas. Condé cuelga cinco óleos, similares al resto por la iconografía, pero más simples en la distribución de zonas que las piezas sobre el papel. Y con su paleta característica que tan luminosa se ha hecho en las últimas etapas. Continúa, pese a los tonos modernos, el regusto alemán o flamenco de sus personajes, hombres y mujeres que encajarían en el mundo del Bosco, de Durero o de Brueghel el Viejo, es decir, en el lapso que desarrolla entre la tardía Edad Media y el manierismo.

Claro que en clave del presente, sin que nos quepan confusiones al respecto. No importa que algunas imágenes, como un desnudo femenino acechado, nos recuerden el histórico motivo de Susana y los viejos. U otro de semejante que pueda convertir la cometa en signo o los pastoresen misterio.

También los dibujos, de aspecto antiguo por técnica y hasta por el soporte, nos traen ecos lejanos y ricos. Tal vez de un Miguel Angel o de un Rembrandt, a través de una masa o de un efecto. Condé se detiene especialmente en las cabezas, sobre cuyos rasgos insiste con finas líneas, mientras que el resto se abre a la soltura y libertad.

Más complejos resultarán los "gouaches" por el aporte de color y por el tratamiento cuidadoso y ágil a un tiempo. su estilo alcanza aquí la máxima elegancia, con algunas piezas que probablemente son las últimas, salvo que las continúen los gravados más grandes. En los que, como todo su trabajo de estampación, hace gala de unas cualidades que derivan del seguro conocimiento de su oficio. Trabajo, en consecuencia, de hecho y derecho, de quien ya no anda a tientas. Por eso, acaso, evoluciona poco.