Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 
 

Un mundo de símbolos

El pintor muestra dos novedades en su obra: collages y objetos


     

Desde hace algunos años reside habitualmente en Madrid uno de los artistas "transnacionales" más interesantes que han pasado por España. Se trata de Miguel Condé (Pittsburgh, Pennsylbania, 1939), un magnífico dubujante, un experimentado maestro del grabado y un pintor de refinadísimo universo. Condé es un ciudadano del mundo, de pasaporte mexicano, educado en Nueva York bajo la tutela del anatomista Roger Peck, y que ha vivido una intensa vida de artista entre París- desde 1936 para trabajar en el taller de Stanley William Hayter- y Sitges, y ahora en Madrid.

Esta ya continuada presencia de Miguel Condé en nuestra ciudad, en la que dice sentirse muy a gusto, ha multiplicado sus brillantes apariciones en nuestras galerías e impulsado su interesante trabajo gráfico editado en algunos de los mejores talleres del grabado.

Es ahora una nueva galería de arte, inaugurada este curso con una exposición retrospectiva del surrealista Eugenio Granell, y con una tradición como editora de obra gráfica, la que acoge esta última individual de Condé, en la que se muestran, además de sus dibujos de gran formato, dos novedades en su producción: los collages y los objetos o juguetes.

Collage. La representación del hombre y de la mujer tienen, más allá de sus valores simbólicos, la dosis necesaria de emoción estética


MIGUEL CONDÉ

COLLAGE, DIBUJOS, OBJETOS

LUGAS : GALERIA EEGEE

(PELAYO, 31)

FECHA . HASTA EL 1 DE FEBRERO


Muy pocas obras pictóricas contemporáneas consiguen producir una atmósfera tan singular y coherente como la de este artista, en la que sus personajes nos resultan siempre familiares, no sólo porque reiteran un mundo en el que la ironía, el erotismo y la fantasía inciden con un finura admirable, sino porque sus representaciones del hombre y de la mujer tienen, más allá de sus valores simbólicos, la dosis necesaria de emoción estética que nos recuerda ese tipo de magia que suele provocarnos la lectura de un gran poema.

Hay que saludar la incorporación de los collages, en los que se mezcla con elegancia el dibujo, la pintura y unos soportes magníficos: viejos papeles de agua usados para la encuadernación y tapas duras de libros antiguos.

Y también la curiosidad del artista, que no sólo juega con la fértil combinatoria del collage, sino que también se aventura en la fabricación de pequeños juguetes condesianos en los que se reconoce a sus personajes pintados, recortados e incorporados a cuerpos nuevos: maderas, trozos de escayola. Una excelente exposición, de la que sólo nos queda una frustración: ver más.

MARCOS R. BARNATÁN