Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 

 
EL VENECIANO ERRANTE
Los 25 años en España de un cosmopolita del clasicismo moderno.
 

En Madrid me consideran francés...No soy francés ni español...¡Soy un ambiguo! En realidad soy mexicano pero ya no conozco México, hace 30 años que no he vuelto...Y además nací en Pittsburgh, Pensilvania, y mi madre es norteamericana". De esta forma se presenta en el catálogo de su exposición retrospectiva Miguel Condé (1939), artista errante que se estableció en España, en la localidad de Sitges, en 1972.

En 1974 colgaba sus primeras obras en una galería madrileña. Y desde hace 25 años, su periplo creativo ha estado anclado sobre todo a suelo español, motivo que los responsables de la Sala de Bóvedas de Conde Duque han aprovechado para recorrer desde aquella fecha su evolución. Pero sólo a través de una de sus facetas: la más puramente pictórica.

También grabador y dibujante, la selección de las 40 obras se ha realizado tomando como referencia exclusivamente los grandes forrmatos, es decir, sus óleos, técnicas mixtas y algunos estudios con carboncillos y grafitos.

Más que un boceto. Grafito y carboncillo en "Sin título" de 1991


MIGUEL CONDÉ

GRANDES FORMATOS
Centro Cultural Conde Duque
Conde Duque, 11
Hasta final de enero

Óleos con los que cubre la etapa hasta los años 80 y las técnicas mixtas sobre papel que imperan en sus trabajos de la década de los años 90. En cualquier caso, un mismo objetivo: un mundo autónomo que funde Medievo, Renacimiento, Barroco y Contemporáneo; donde los príncipes, burgueses, usureros, arlequines, peregrinos, científicos y madonas interpretan, sometidos a la disección de un pincel quirúrgico, su desasosiego bajo la pátina brillante de la estética, tantas veces reivindicada en la Historia del Arte, de la pintura veneciana. Es decir: clasicismo en el color (sienas, ocres, beiges y azules aplicados estratégicamente) y el la inspiración cultural de las figuras; e ironía, sin renunciar al humor negro, para expresar el fondo de la torturada conciencia del hombre moderno.

José Ignacio Aguirre