Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 

El PUNTO DE LAS ARTES M A D R I D 20 al 26 de marzo de 1992
Narración : rito y mito en la
pintura de Miguel Condé

Obra de Miguel Condé

 

JOSÉ RAMÓN DANVILA

De las obras que figuran en esta exposición pueden extraerse muchas lecturas, pero de todas ellas la más importante aparece cuando se tiene en cuenta el valor representacional. Figuras y signos son una parte importante de la narración de Miguel Condé (Pittsburgh, Pennsylvania, 1939), hasta tal punto que siempre se convierten en símbolos aparecidos tras la labor pensante de quien tiene presente la tradición y los mitos y es capaz de aproximarlos a una problemática actual sin que pierdan sus referencias temporales.

No puede negarse al pintor una recurrencia constante a las culturas de las que procede. Junto a un emocionante recorrido por ellas, Condé reúne en torno a esa primera idea una serie de órganos figurativos que demuestran un conocimiento viajero por otras del mundo antiguo y que son aprovechadas para construir las tremendas y compactas iconografías de su pintura.

Personajes extraídos de una memoria secular se van disponiendo en la superficie inconcreta de la escenografía de sus cuadros para representar ideas, sentimientos, analogías, para recrear la historia pensando útopicamente. En algún caso, son personajes que aparecen de trabajo en trabajo, que se hacen constantes. Icaro, por ejemplo, o esos sacerdotes con simbólicas insignias que responden a una liturgia misteriosa y a un mandato mágico. Personajes, en cualquier caso, que están en sus cuadros por algo, pero que permanecen siempre conversando, relacionándose, que se observan con curiosa tranquilidad, hieráticos y solemnes la mayor parte de las veces.

Hay un fino humor en el fondo de la narrativa de Condé; un humor que surge, casi siempre, de datos trascendentales, pero que encuentra su punto exacto en un contexto extraño, a veces cercano a lo surreal.

Y a través de ese humor, y por el acúmulo de accidentes que va provocando Condé, se va haciendo la obra barroca, incrementándose el detalle con afición historicista, produciéndose la variación y el clima irrealista, apareciendo el fenómeno de la ficción como parte indiscutible y la fantasía de lo decorativo para explicarlo.

Es muy importante el "atrezzo" usado en cada obra de Condé, ya que visualmente significa lo que la misma tiene que captar, de parte atractiva y de parte repelente. Todo pensado para sugerir, pero producido por acumulación en un proceso que aparentemente no prevé grandes cosas sobre lo que al final ocurre. citas continuas a un enorme depósito de imágenes que el artista fue guardando en su mente durante viajes, lecturas y experiencias y que se organiza contando con una prodigiosa imaginación. Citas que, como fantasmas, recorren la escena de cada uno de sus cuadros sin claves de tiempo, manifestando la no realidad a voces, recogiendo una inmensa dosis de nostalgia y, en el estrato más íntimo, de indolencia e, e, incluso, tristeza.

Miguel Condé es un pintor, pero también importa mucho en su trabajo el dibujo y el grabado. los que presenta nunca son un paso previo; en ellos el carboncillo y el grafito logran el máximo efecto expresivo. Mientras que las pinturas reflejan territorios indescriptibles en los que aparecen elementos que pueden apuntar paisajes o interiores, en el dibujo los personajes ocupan la superficie como únicos protagonistas.

La pintura de Condé es un rito desarrollado linealmente, mediante capítulos o fases que son cada obra en particular.

(Galería Anselmo Alvarez. Conde de Aranda, 4. Hasta el 25 de Abril.)