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De las obras que
figuran en esta exposición pueden extraerse muchas
lecturas, pero de todas ellas la más importante aparece
cuando se tiene en cuenta el valor representacional.
Figuras y signos son una parte importante de la
narración de Miguel Condé (Pittsburgh, Pennsylvania,
1939), hasta tal punto que siempre se convierten en
símbolos aparecidos tras la labor pensante de quien
tiene presente la tradición y los mitos y es capaz de
aproximarlos a una problemática actual sin que pierdan
sus referencias temporales. |
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No puede negarse al pintor una recurrencia constante a
las culturas de las que procede. Junto a un emocionante
recorrido por ellas, Condé reúne en torno a esa primera
idea una serie de órganos figurativos que demuestran un
conocimiento viajero por otras del mundo antiguo y que
son aprovechadas para construir las tremendas y compactas
iconografías de su pintura. |
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Personajes extraídos de una memoria secular se van
disponiendo en la superficie inconcreta de la
escenografía de sus cuadros para representar ideas,
sentimientos, analogías, para recrear la historia
pensando útopicamente. En algún caso, son personajes
que aparecen de trabajo en trabajo, que se hacen
constantes. Icaro, por ejemplo, o esos sacerdotes con
simbólicas insignias que responden a una liturgia
misteriosa y a un mandato mágico. Personajes, en
cualquier caso, que están en sus cuadros por algo, pero
que permanecen siempre conversando, relacionándose, que
se observan con curiosa tranquilidad, hieráticos y
solemnes la mayor parte de las veces. |
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Hay un fino humor en el fondo de la narrativa de Condé;
un humor que surge, casi siempre, de datos
trascendentales, pero que encuentra su punto
exacto en un contexto extraño, a veces cercano a lo
surreal.
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Y a
través de ese humor, y por el acúmulo de
accidentes que va provocando Condé, se va haciendo la
obra barroca, incrementándose el detalle con afición
historicista, produciéndose la variación y el clima
irrealista, apareciendo el fenómeno de la ficción como
parte indiscutible y la fantasía de lo decorativo para
explicarlo. |
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Es muy importante el "atrezzo" usado en cada
obra de Condé, ya que visualmente significa lo que la
misma tiene que captar, de parte atractiva y de parte
repelente. Todo pensado para sugerir, pero producido por
acumulación en un proceso que aparentemente no prevé
grandes cosas sobre lo que al final ocurre. citas
continuas a un enorme depósito de imágenes que el
artista fue guardando en su mente durante viajes,
lecturas y experiencias y que se organiza contando con
una prodigiosa imaginación. Citas que, como fantasmas,
recorren la escena de cada uno de sus cuadros sin claves
de tiempo, manifestando la no realidad a voces,
recogiendo una inmensa dosis de nostalgia y, en el
estrato más íntimo, de indolencia e, e, incluso,
tristeza. |
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Miguel Condé es un pintor, pero también importa mucho
en su trabajo el dibujo y el grabado. los que presenta
nunca son un paso previo; en ellos el carboncillo y el
grafito logran el máximo efecto expresivo. Mientras que
las pinturas reflejan territorios indescriptibles en los
que aparecen elementos que pueden apuntar paisajes o
interiores, en el dibujo los personajes ocupan la
superficie como únicos protagonistas. |
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La pintura de Condé es un rito desarrollado linealmente,
mediante capítulos o fases que son cada obra en
particular. |
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(Galería Anselmo Alvarez. Conde de
Aranda, 4. Hasta el 25 de Abril.) |
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