Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 
Miguel Condé presenta su obra más
reciente en una sala barcelonesa

MARIA LLUÏSA BORRÀS

BARCELONA - La galería barcelonesa Ignacio de Lassaleta presenta hasta el 9 de enero una sugerente exposición de obra reciente del pintor de origen mexicano, afincado desde hace años en Cataluña, Miguel Condé.

El universo imaginario habitado por los personajes extraños que Condé describe con tanta precisión y esmero viene haciéndose, de exposición en exposición, más concreto y más diáfano. El pintor no da jamás una pista sobre él, por lo que resulta tan insólito como interesante que Michael Peppiat le haya arrancado al pintor toda una entrevista. aunque comience por decir: "No estoy seguro de ser la persona más adecuada para expresar mi pintura con palabras", concede que su obra pueda parecer "una especie de ópera...Un ´Ballo in Maschera". Pero sigue sin precisar mucho más.

Singular universo

En el trabajo de Condé resalta la técnica, basada en una singular fragmentación del plano y el recurso seriado. Y también el color, personalísimo y reducido a ciertos tonos.

Procediendo por eliminación, podría llegarse a la conclusión de que este singular universo no se halla en un país a imagen de cualquier otro de Occidente, ni del pasado ni de hoy. Y mucho menos del Lejano Oriente. Más parece sugerir las laderas del este del Mediterráneo, o quizá aquella más emblemática franja de tierra limitada por el Tigris y el Éufrates, cuna de la civilización. Parecen, en todo caso, protagonistas y tipos sacados de mitos y leyendas de un reino inventado: el sabio y el músico, el poeta que a la hora del amor evoca la muerte, el peregrino, mendigos y paseantes sin rumbo, gentes sentadas en posiciones inverosímiles que hacen malabarismos o juegan a las cartas, la meretriz y el profeta...

Personajes de un mundo que recuerda unas veces el de "El séptimo sello" y otras el del " O Cangaceiro". Pero dice el pintor que los personajes aparecen en la tele como por voluntad propia y que muchas veces, una vez pintados, al verlos hasta le causa sorpresa. En todo caso, sin duda es una pintura hecha para soñar.

Mientras mi vista recorría una y otra vez las imágenes (bellísimos y enormes dibujos a lápiz, delicados gouches, pinturas de gran fuerza expresiva), los seres extraños, tocados de aún más extraños ropajes, de caprichosos turbantes y gorros, portadores de insólitos enseres pero, pese a todo, muy humanos y próximos, los imaginaba paseando, saludándose unos a otros, en la avenida procesional que atravesando Babilonia va de la puerta de Ishtar hasta la torre de Babel, descrita por Herodoto. Condé dice que es un "dramatis personae", tomando de la propia pintura, de los maestros de la pintura, entre los que destaca a Caravaggio. Y añade que la realidad simulada es una forma de arte.