Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 

"Visiteur

 du soir"

(52,5 x 24,5)

Colage

 sobre

tapa de

libro

antiguo

de 1996

MIGUEL  CONDÉ

Galeria EEGEE 3

Pelayo, 31. Madrid

Hasta el 28 de febrero

De 200.000 a 800.000 pesetas


Creo que hay obras y exposiciones que abonan en quien ha de comentarlas la tentación de hacerlo tal y como Sócrates detestaba y ridiculizaba: con las armas de la ocurrencia , y convertido en un charlatán que improvisa en lugar de analizar. Ante las obras de Miguel Condé ( Pittsburg, 1939 ) y ante esta muestra de dibujos "collages" y objetos tengo esa tentación. Me vigilaré.

Las obras de este artista, también en el caso de esta muestra, funden su modo de ser con su manera de aparecer para intentar transmitirnos el mundo en el cuál están inmersas: el mundo de lo equívoco, de lo enigmático, de los secreto, del trastorno que puede provocar cualquier revelación inoportuna. Con su lenguaje figurado, aristocrático, nos presenta a sus personajes, nos indica las relaciones establecidas entre ellos y alude a una especie de orígenes cifrados. Las situaciones que tales personajes escenifican me parecen siempre instantes de transición entre la custodia rigurosa de su verdad y la decisión momentánea de la confidencia: instantes graves, bellos, frágiles y vulnerables, a los que por nuestra parte hay que aplicar una serie de dosis de juego para que se produzca el necesario entendimiento. El hermetismo, cuando es sincero, hijo de la necesidad y directo como la espontaneidad, es resultado de la magia disciplinada, y lo que permanece cerrado hacia fuera abre hacia dentro, hacia el interior de la percepción y de la conciencia, campos de espléndida dimensión. Miguel Condé parece saber, de acuerdo con todo esto, que la imagen es lo que invita a entrar, lo que imita, lo aparente, lo superficial, pero también lo patente, lo manifiesto, lo sacado a la luz, lo contado. Seamos, pues, buenos "guardianes del secreto" y distingamos, como nos aconseja Jankelevitch, entre la ficción artística y el fingimiento artificial, porque la primera es obra y el segundo, maniobra. Sería cuestión ésta, grave asunto para los tiempos que corren, pero hermoso quehacer para ser aplicado a las obras que intentan orquestar noches de ronda para la belleza

Carmen Pallares