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Desde
hace unos años Madrid ha redescubierto la obra
pictórica del mexicano de Sitges, y gran hombre
de mundo, Miguel Condé, uno de los grandes
artistas que llegó a nuestra ciudad, jugó un
papel importante en los albores del despertar de
la modernidad en el dorado tiempo en el que en el
mundo del arte reinaba Juana Mordó, se fue a
París, recaló en Cataluña y ahora, otra vez,
vuelve a instalarse en Madrid. Una de las razones
por las que Miguel Condé sigue aquí, además de
los muchos amigos y admiradores que se ah ganado
entre nosotros, es quizá porque encontró en un
rincón antiguo de la ciudad el taller de
estampación de grabado de Dan Benveniste. Un
lugar en el que Condé se siente especialmente
feliz, realizando una de sus grandes pasiones:
grabar.
La enorme mayoría de las estupendas piezas que
se muestran en esta esperada exposición de su
obra gráfica reciente está estampada en los
talleres del minucioso danés, y entre ellas hay
verdaderas obras maestras que pueden ser gozadas
por quienes aman esta difícil y apasionante
manera de hacer arte. El mundo obsesivo y
singular de las pinturas y dibujos de Miguel
Condé se reitera aportando nuevos matices,
ganando en vibraciones, en la gran sinfonía de
aguafuertes y puntas secas
que nacen de su dibujo medular. |
En todas las escenas evocadas hay personajes
cambiantes, hombres y mujeres, figuras que se van
transformando a lo largo de cada suite, adoptando
posiciones diferentes, pero manteniendo siempre
una enigmática esencia idéntica. Vestidos o
desnudos, los actores juegan con pulcritud sus
misteriosos papeles, pero no acaban nunca de
traicionar esa identidad, germinal y última, que
reclama siempre permanencia . Como si la fuerza
de la representación nos hiciera creíble todo
lo que pasa en escena sin necesidad de que los
actores renuncien a sus verdaderos rostros.
Una de las últimas incorporaciones temáticas y
uno de sus últimos grandes trabajos es el que se
refiere al mundo de los fotógrafos de guerra, un
tema que desde hace mucho le interesa y que
quizá abra una nueva etapa también de su
pintura por venir. El disparo, en el que
aparece el hombre de la cámara retratando a una
víctima de los desastre de la guerra, inicia con
vigor una vena dramática que puede resultar muy
interesante en el conjunto de su obra.
El virtuosismo del dibujante, la originalidad
voltaica de su universo, hacen de esta brillante
demostración de poderío un gran acontecimiento. |