Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Condé
Críticas

 

 

 

 
 
 
Elogio de la locura

Nacido en Pittsburg (1939) Miguel Condé tiene un temprano acercamiento al mundo hispánico y en 1960 participa por primera vez en una exposición colectiva en México, Distrito Federal. En 1968 realizará su primera exposición individual, en esta ciudad.

Hijo de padre mexicano y madre norteamericana en su obra está presente el resultado del cruce de dos culturas (la de lengua española y la de lengua inglesa). Mezclando a otras fuentes, como lecturas, viajes y a su curiosidad y su receptividad hacia determinados aspectos de las inquietudes humanas y de su capacidad creadora.

Su contacto con México se descubre, dentro del arte moderno, mundos como los de Leonara Carrington y Remedios Varo que le tocan tangencialmente. Más de frente parece impresionarle algunos aspectos del arte popular mexicano, del que tan exaltada representación son los grabados de José Guadalupe Posada. En José Luis Cuevas halla la constatación de la vigencia permanente de unas preocupaciones expresivas hacia las que se siente atraído.

Comienza a exponer en nuestro país, al par que lo sigue haciendo en otros lugares de Europa y América, en 1974, y a partir de ese momento es constante entre nosotros la presencia de su obra.
La actual exposición, con más de setenta obras, acoge óleos, guaches, dibujos y grabados. Y es, por la cantidad de piezas presentes y por su calidad, una importante muestra.

La evolución de sus óleos le ha llevado a lograr un cierto equilibrio tonal y de los ritmos de la arquitectura de la composición que compensa los riesgos de su peculiar temática. Ella procede del mundo cultural.

Se tiene la impresión, al contemplar esta obra, de que buena parte de su inspiración se alimenta en la observación de las impresiones interiores que le ha producido la lectura de determinados libros antiguos y de sus grabados. Ello le ha ayudado a elaborar un mundo que es heredado en el tiempo de imágenes del Bosco y similares, cual de los ambientes retratados en las farsas medievales.

Pero esta visión no posee acento arcaico y expresa aspectos de la locura actual heredados del pasado, y vigentes en cualquier época, que nos ofrece a través de un prisma que da a los colores del Arco Iris una vibración actual.

Ocupaciones y preocupaciones como las de la magia y la alquimia, pueden haber adoptado otras máscaras pero de hecho continúan bien vivas y actuantes, de lo que da Condé cabal testimonio cual del esquizofrénico móvil de muchas de las actividades tan teatralmente exaltadas de nuestra época.

Reconociendo como uno de los más destacados dibujantes del momento, hay en toda su obra, en este género, un acentuado matiz irónico, que le lleva a tratar los temas con un estilo que, aunque bien contemporáneo y que en buena medida comparte con el Picasso de corte más clasista, está cargado cual de contenido sonido de un enérgico acompañamiento de estrepitosos y disonantes ruidos que van a irrumpir de un momento a otro. Mientras tanto sus líneas, sus signos inscritos en curiosos y con frecuencia antiguos papeles, nos hablan de unas escenas que, cual anticuadas, han quedado sumidas en una luz como de antaño pero en realidad sin tiempo.

Cuando a este rico, pintoresco y preocupante mundo le da expresión en el guache le lleva a lograr una serie de matizaciones donde se asiste a una serie de contrastes de significativa trascendencia plástica entre los detalles temáticos, el discurrir del grafismo acerado y contundente, que nos habla con la elocuencia de los vocablos y el doble juego de los tonos suaves y los toques más acentuados y vivos de color.

Condé logra en este aspecto de su siempre intersante obra algunos momentos en los que parece desplegarse ante nosotros con claridad el mejor camino de un intrincado laberinto.

Respecto a sus grabados nos representa al artista con la evidencia de uno de sus actuales maestros. dedica buena parte de su labor creadora a darle forma a través de esta técnica. Y la posee bien sólida, aprendida en importantes centros mundiales del género. Los que ahora enseña son un conjunto realizado al aguafuerte con diversas otras técnicas, en las distintas piezas, cual la punta seca, la roulette, el azúcar. Las planchas han sido trabajadas de forma que las grandes personales que muestra en el dibujo, y sus aciertos de color, aquí están intensificados con un dominio de la técnica que comunica a sus imágenes una peculiar solidez, cual el resultado evidente de un razonamiento que se muestra con toda claridad.

Su claridad expresa aspectos de la locura. Y ahora lo hace con tanta elocuencia como antaño- en esa época que le ofrece posibilidades tan fecundas de inspiración- en un libro famoso, Erasmo la comentara.