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| El
ideal |
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Hedonista |
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David Guàrdia |
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Galería Ignacio de Lassaletta |
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RAMBLA DE CATALUÑA, 47 TEL.93.488.00.06 |
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75.000 A 1.000.000 PESETAS |
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HASTA EL 10 DE MARZO BARCELONA |
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MARIA LLUISA BORRAS |
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Su pintura me pareció, a primer
golpe de vista, una evocación del noucentisme
puesto al día, quizá porque sabía que David Guàrdia
(Barcelona, 1957) era nieto de Jaume Guàrdia i Esturí
(Manlleu, 1875 - Barcelona, 1935), uno de los más
notables paisajistas que tuvo el noucentisme y que, como
Sunyer, describía personajes que parecían sacados de
"La bien plantada" con fondo del paisaje,
deliciosos paisajes mediterráneos de una supuesta
Cataluña Griega. |
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Pero las escenas de composición estudiada y armoniosa de
David Guàrdia, si bien denotan un profundo conocimiento
de la historia de la pintura y más especialmente del
renacimiento, vienen a sublimar la tradición y resultan
ortodoxamente posmodernas, encuadradas en una
estructuración geométrica que a veces integra la
composición como si fuera el tablero de una mesa, una
escalera, un árbol o una pared. La geometría puede ser otras veces sólo un elemento estructural que da equilibrio a la composición,
sin relación con la realidad. Se trata de una pintura
que no propone ninguna descripción realista, sino la
expresión de un hedonismo sobrio y equilibrado, fruto de
una elucubración mental. |
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David Guàrdia estudió sólo tres años en la facultad
de Bellas Artes, aquí en Barcelona, y aunque es ésta su
primera exposición, se puso a pintar hace tiempo, sin
que sintiera necesidad de mostrar su obra al público
porque sus admiradores acudían directamente a su
espacioso taller de la plaza Prim, en Poblenou. Las
playas que pinta, de marcado hedonismo, con desnudos que
se agrupan o se esparcen indiferentes en espacios
pictóricos, extrañamente planos, que están sólo en su
mente y que no suelen atenerse a leyes de perspectiva,
podrían ser las playas, antaño desiertas de
Poblenou. |
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Parte de la historia, de una narrativa y de unos apuntes
que puede tomar del natural, rápidamente, cuando una
escena, una situación, simplemente algún detalle o unos
personajes que pueden evocar supuestos atletas de los
juegos, llaman su atención. Luego, en el taller, lo
elabora y, como trabaja despacio, puede dejar una pintura
inconclusa incluso durante días. Si me parece un pintor
afín a la posmodernidad es porque su obra representa una
vuelta a los arquetipos y constantes del clasicismo,
aunque como resultado de una mezcla ecléctica que
combina libremente elementos de la modernidad con la
tradición clásica, algo que Charles Jenks llama
clasicismo libre ("free-style classicim") y que
surgió en los años ochenta. |
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