¿Una nueva exposición de
Benjamín Palencia? Y nueva en todos los sentidos, pues
yo no sé por qué misterio de su genio creador, todas
las obras de Benjamín Palencia, parecen recientes con la
ternura de una coloración en la que renacen todas las
formas y criaturas de la naturaleza. Pocos cuadros,
podemos decir, que son continuación o réplica de los
anteriores. Hay una vital explosión de hallazgos que no
reposan de una manera terminal. Aquí tenemos a
Benjamín, siempre alerta, con logros incesantes,
buscando siempre la misma raíz telúrica del color.
Brotan de su pincel los ocasos y los montes con incendios
o negruras de cuyo efecto deslumbrador sólo él tiene el
secreto. Y en Benjamín se da el contraste entre el gran
espectáculo y las menudas incidencias del campo o de la
ciudad. No son sólo cielos y tierras en su global
concepción, sino los cardos de tan agudas y geométricas
estructuras, las vibrantes amapolas, las rocas, tan
rotundas y monumentales. Estas creaciones de Benjamín,
tienen ese éxtasis deslumbrado porque el último estrato
de su inspiración se encuentra en la luz. Pero no en la
luz pasante, en la luz matizada por las horas, en esa
cambiante claridad a compás de los minutos de los
impresionistas, sino en la luz total, inventada con una
intensidad intelectual que se superpone a la solar. Es
ésta una fase más de la furia española, que en el
futuro tendrá que historiarse en el proceso de nuestro
arte. Una luz que tienen a la vez, algo de pureza
química y de ternura sentimental. Brillos densos, y a la
vez, de una delgadez que se flexiona a compás de los
sentimientos. Una luz que no proyecta sombra, y la
sucesión perspectiva se consigue por la unión de
colores brillantes, enfurecidos, que se sueldan en la
retina por su mismo vigor. Son unos colores en creciente,
en una exaltación que crea los términos perspectivos.
Todos sus colores tienen unas referencias más que a la
naturaleza a estados de ánimo o a seres de otra
concreción. Colores suntuosos y profundos que, por sí
mismos, crean una emoción estética. Este es el arte de
Benjamín Palencia. Nueva exposición, nuevos tonos
fulgurantes. Novedad que no se basa en la destrucción,
sino en la exaltación de un proceso estético, renacido
en cada nueva creación. |