Galería Ignacio de Lassaletta
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Benjamín Palencia
Críticas

 

 

 

 
 
 
SALA DE EXPOSICIONES DEL BANCO DE GRANADA
Junio - Julio de 1975
José Camon Aznar
 
¿Una nueva exposición de Benjamín Palencia? Y nueva en todos los sentidos, pues yo no sé por qué misterio de su genio creador, todas las obras de Benjamín Palencia, parecen recientes con la ternura de una coloración en la que renacen todas las formas y criaturas de la naturaleza. Pocos cuadros, podemos decir, que son continuación o réplica de los anteriores. Hay una vital explosión de hallazgos que no reposan de una manera terminal. Aquí tenemos a Benjamín, siempre alerta, con logros incesantes, buscando siempre la misma raíz telúrica del color. Brotan de su pincel los ocasos y los montes con incendios o negruras de cuyo efecto deslumbrador sólo él tiene el secreto. Y en Benjamín se da el contraste entre el gran espectáculo y las menudas incidencias del campo o de la ciudad. No son sólo cielos y tierras en su global concepción, sino los cardos de tan agudas y geométricas estructuras, las vibrantes amapolas, las rocas, tan rotundas y monumentales. Estas creaciones de Benjamín, tienen ese éxtasis deslumbrado porque el último estrato de su inspiración se encuentra en la luz. Pero no en la luz pasante, en la luz matizada por las horas, en esa cambiante claridad a compás de los minutos de los impresionistas, sino en la luz total, inventada con una intensidad intelectual que se superpone a la solar. Es ésta una fase más de la furia española, que en el futuro tendrá que historiarse en el proceso de nuestro arte. Una luz que tienen a la vez, algo de pureza química y de ternura sentimental. Brillos densos, y a la vez, de una delgadez que se flexiona a compás de los sentimientos. Una luz que no proyecta sombra, y la sucesión perspectiva se consigue por la unión de colores brillantes, enfurecidos, que se sueldan en la retina por su mismo vigor. Son unos colores en creciente, en una exaltación que crea los términos perspectivos. Todos sus colores tienen unas referencias más que a la naturaleza a estados de ánimo o a seres de otra concreción. Colores suntuosos y profundos que, por sí mismos, crean una emoción estética. Este es el arte de Benjamín Palencia. Nueva exposición, nuevos tonos fulgurantes. Novedad que no se basa en la destrucción, sino en la exaltación de un proceso estético, renacido en cada nueva creación.
José Camon Aznar