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| CATALOGO DEL PALACIO EPISCOPAL |
| Málaga, Agosto - Septiembre de 2001 |
| Fernando Francés |
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| Benjamín Palencia, aquel
desconocido de la vanguardia |
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Antes de entrar a revisar su
biografía desde el punto de vista de su obra pictórica
y, de destacar los aspectos más característicos de su
aportación al mundo del arte, es conveniente
desentrañar el motivo de este apelativo que, a primera
vista, puede causar extrañeza entre aquellos que han
seguido desde hace tiempo su evolución. |
Son fundamentalmente tres los aspectos en los que se basa
este argumento; el primero de ellos y, quizá el más
somero, es que Benjamín Palencia es uno de esos
personajes en los que ha trascendido su trabajo y su obra
con mucha más intensidad que su vida en sí. En cierto
sentido es lógico que se conozca más su aportación
artística que su biografía. Pero no es menos cierto
que, generalmente, cuando un creador es más o menos
reconocido y es unánime la consideración de figura
consagrada dentro del panorama artístico de un
determinado ámbito cultural, también trasciende su
biografía y proliferan las investigaciones sobre
aspectos de su trayectoria vital, con el fin de obtener
claves que ayuden a conocer mejor la significación de su
obra. En el caso de Palencia, su historia, aquellos
hechos que permiten desentrañar su personalidad, tanto
humana como intelectual, y que han influido de forma
decisiva en su trabajo, han sido, por lo general, poco
estudiados. |
En segundo lugar, hay que referirse a Palencia como
pintor desconocido, entre comillas, porque de
las dos grandes etapas en que se puede enmarcar su obra,
la primera de ellas ha sido un tanto eclipsada por la
segunda o, en todo caso, más extraña para el público
en general. Las dos etapas están separadas por la Guerra
Civil española, que supuso un cambio drástico, como no
podía ser menos, en Benjamín Palencia y en otros muchos
artistas de su generación. Antes de la contienda su
trabajo estaba claramente adscrito al arte de vanguardia,
y suyas habrían de ser algunas de las más audaces y
radicales propuestas del Arte Nuevo. Sin embargo,
después de la guerra, su pintura se vuelca en una
representación del paisaje más tradicional que,
probablemente, haya sido la más divulgada ( de hecho,
fue el artista quien propició la renovación del género
paisajístico que se produjo en España en los años
cuarenta y cincuenta). Aunque es ineludible destacar que
estas obras llevan dentro de sí todos los logros a los
que llegó en las primeras décadas del siglo. El nombre
de Benjamín Palencia se encuentra inevitablemente
asociado a los acontecimientos más significativos de los
orígenes de la vanguardia española: la
Exposición de la sociedad de Artistas
Ibéricos y el retorno al orden, la
Escuela de París y la figuración
lírica, la Escuela de Vallecas y el
surrealismo telúrico. |
El tercer punto a considerar, es la importante labor
dibujística por él realizada a lo largo de toda su
vida. Precisamente este apartado de la obra de Benjamín
Palencia, en el que demostró una excepcional maestría,
acaso sea el más desconocido para la gran mayoría. El
propio artista otorgó una extraordinaria importancia a
su obra sobre papel, plasmando en ésta los aspectos más
importantes y característicos de su arte. Asimismo, le
dedicó una parcela de considerable tamaño en su
producción, sin interrumpir jamás su amor y vocación
por la pintura. |
Los dibujos que realiza no siempre evoluciona o se
desarrollan de un modo paralelo a sus telas, sino que, en
repetidas ocasiones, suponen un avance respecto a algunos
logros obtenidos en pintura. No obstante, ambos géneros
son fundamentales para una comprensión total de la obra
de Palencia, al plasmar igualmente esa simbiosis entre
modernidad y tradición que fue la seña de identidad
fundamental de la obra del artista manchego. |
Benjamín Palencia fue una persona serie y
extraordinariamente discreta, de la que, ante todo,
habría que destacar su absoluta dedicación al trabajo.
De su vida personal no existen muchos datos, pero
disponemos del testimonio de sus compañeros y allegados,
y sabemos de sus apariciones públicas, siempre
vinculadas a exposiciones y acontecimientos relacionados
con la esfera cultural y artística. |
Es Barrax (Albacete) donde nace un 7 de julio de
1894- el lugar en el que comienza a dar sus primeros
pasos en el mundo del arte. Él mismo relató que
dibujaba constantemente en los papeles de la escuela,
tanto que llegó a ser castigado en más de una ocasión.
Resulta obvio pensar que en este pequeño pueblo, de
naturaleza eminentemente rural y agrícola, se gestase en
el joven Benjamín su amor por el paisaje castellano. |
Su temperamento inquieto y sus enormes deseos de
aprender, le llevan, con tan sólo quince años de edad,
a la capital española. Esto nunca hubiera sido posible
sin el apoyo de su tío: don Rafael López Egóñez,
ingeniero de caminos, hombre de desahogada posición
económica y excelente nivel intelectual. El interés por
la cultura y el arte de éste, crearon un ambiente
propicio para que el joven pintor pudiese empezar a
desarrollar su creciente vocación artística. Es más,
le permitió tener acceso a una magnífica biblioteca y
estar al día respecto de las últimas novedades en las
diferentes publicaciones y revistas, así que don Rafael
se erigió en algo así como su protector o mecenas. |
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En Madrid, se
mantuvo al margen de la formación académica y oficial. Nunca quiso
estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, sino que
prefirió asistir a las clases del historiador Elías Tormo y,
posteriormente, a la Academia Libre de Julio Moisés, donde conocerá
a Francisco Bores y Salvador Dalí.
Comenzará a frecuentar los círculos intelectuales, como
la Residencia de Estudiantes ( donde contacta con Rafael
Alberti, Federico García Lorca o Luis Buñuel) o la
tertulia que tenía lugar en el Café Nacional. Su afán
de conocimiento le lleva a recorrer diferentes pueblos y
ciudades de la geografía española, acumulando vivencias
de las que partirá su búsqueda de lo original, de lo
primitivo. Ese carácter telúrico que imprimirá a su
obra en perfecta combinación con su adscripción a las
tendencias de la vanguardia internacional. |
No obstante, el contexto artístico del que parte
Palencia durante estos primeros años en Madrid, son
breves lecciones de impresionismo y de la tradición de
la pintura española, a consecuencia de sus visitas al
Museo del Prado. Centro al que se dirigía con asiduidad
para contemplar las obras de los grandes maestros de la
pintura española: El Greco, Velásquez, Zurbarán, Goya,
etc... y, sobre todo, realizar numerosos dibujos que le
permitieron adquirir una técnica que desarrollaría en
sus composiciones futuras. |
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Con veintidós años, participa en el I Salón de Otoño
de 1916. Gracias a ello conoce al que será, junto a su
tío Rafael, el gran inductor y promotor de su actividad
artística: Juan Ramón Jiménez. El ilustre poeta se
fija en su obra, lo que le valdrá futuras
colaboraciones. La más importante tendrá lugar en 1923,
con la publicación de setenta y tres dibujos del pintor
en un libro titulado Niños, dentro de la
Biblioteca de definición y concordia que Juan Ramón
Jiménez promovió para la revista Indice. El
propio poeta escribe el prólogo del libro, analizando la
sensualidad de estos primeros dibujos: En la
expresión de esa sensualidad, Benjamín Palencia va
flechado a la síntesis. Sensualidad y síntesis.
¿Necesita otras armas, otras manos, el joven
creador?. Jiménez ejercerá un poderoso influjo en
la pintura de Benjamín Palencia, especialmente los
conceptos de poesía pura y pintura
pura que tanto defenderá en su obra literaria, en
la cual subyacen esos signos inequívocos de
retorno al orden y nuevo clasicismo (en
línea con la etapa ingresca o neoclásica de
Picasso) que habrían de llegar al arte español y que
están latentes en la obra temprana de Palencia. |
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Hasta pasado el primer cuarto de siglo, las composiciones
neocubistas atraerán al joven pintor de un modo
particular, probablemente por influencia de la obra de
Vazquez Díaz. Como evidencia, la depuración
contenidamente geométrica de las formas y los fondos de
algunas de sus creaciones. No obstante, esta tendencia
hacia el análisis en planos, se combinará en sus
dibujos, fundamentalmente, figuras de muchachos
campesinos y algunos interiores de cafés con tipos
populares: con un nuevo clasicismo que se manifiesta en
el empleo de un trazo sinuoso, muy lineal y sencillo.
Resulta curioso observar los diferentes motivos
iconográficos empleados por el pintor según se trate de
pintura o de dibujo; mientras que este último predomina
la representación de figuras, en sus óleos sobre
lienzo, los bodegones y los paisajes focalizan su
interés. |
En 1925 tiene lugar uno de los momentos clave para el
arte español de la primera mitad de siglo: la ya mítica
Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en el
Palacio del Retiro de Madrid. Benjamín Palencia
integrará la nómina de artistas participantes, ocupando
una sala entera con una serie de óleos y pasteles de
temática variada: naturalezas muertas, desnudos y
paisajes. La E.S.A.I señaló el arranque de la
renovación plástica española y reunió nombres
fundamentales de nuestra historia artística en un
momento clave de sus respectivas evoluciones, de tal modo
que el movimiento de vanguardia dejó de constituir un
racimo de procesos aislados y pasó a convertirse en una
evidencia. Además, constató el eco que alcanzaron entre
nuestros artistas las consignas de recuperación del
espíritu clasicista y la voluntad de actualización de
los sistemas figurativos del pasado ( que desde finales
de la Iª Guerra Mundial se había ido abriendo camino en
Europa), dentro de un espíritu generalizado de
retorno al orden de los realismos de
entreguerras ( lo que se reforzará con la publicación
en España, dos años después, del libro de Franz Roh
El realismo Mágico. Post Expresionismo). La
tónica general de las obras expuestas en los
ibéricos era la búsqueda de la pureza esencial en
sus dimensiones más clásicas, aminorándose el impulso
vanguardista de los primeros ismos europeos. |
Benjamín Palencia cosechará un gran éxito de crítica
en esta exposición, consolidándose como figura esencial
de la vanguardia del momento. Manuel Abril
publica en El Heraldo de Madrid el 16 de
junio lo siguiente: Las obras primeras de Benjamín
Palencia están repletas de regocijo colorista y de
gentil arbitrariedad al aplicarlo (...) Todo se vuelve
claro, estricto, escueto, impasible; científico,
diríamos (...)Las alusiones a la calidad real de cada
cosa continúan, sólo que, además, el autor emplea, al
presentarnos su espectáculo, un lenguaje de metáfora
plástica que tiene toda la precisión escueta, nítida y
transparente de un principio matemático y toda la clara
limpidez de una máquina precisa. Parece como si la
luz de la verdad de que nos habla la metáfora,
hubiera adquirido existencia física para dar a la
visión de los objetos la emoción y la belleza
inteligente de un nítido exacto, lo mismo que la luz del
sol da a los cuerpos de la materia una belleza
emborrachadora de sirena. Otra muestra la
encontramos en el ejemplar del 2 de julio de La Voz de
Madrid, en el que Juan de la Encina afirma que:
Entre los artistas jóvenes que exponen en el
Salón de Artistas Ibéricos, es acaso el más formado y
maduro y Francisco Alcántara declara en El Sol el
11 de julio que Palencia es, talvez, el espíritu
más delicado y la sensibilidad más despierta entre los
artistas existentes....Hasta los más refractarios han
podido sospechar ante las obras de Palencia que el de
este pintor es un arte nuevo, digno de ser comprendido.
Sus floreros, sus retratos, desnudos, bodegones y
paisajes constituyen como un programa audaz de
renovación y atraen más que alarman. No olvidemos
que el pulso cultural y artístico durante aquellos años
podía medirse en los periódicos y las revistas de
creación, en las que Benjamín Palencia había trabajado
como ilustrador y dibujante en más de una ocasión ( a
lo largo de la década de los veinte colaboró con
publicaciones como España, Revista de
Occidente, Ronsel, Sí,
Mediodía, Residencia,
Versoy Prosa,
Litoral, Helix, y Cruz y
Raya). |
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El Arte nuevo
empezaba a desarrollar una personalidad propia y, para ello, era
imprescindible desligarse de una actitud puramente receptiva. A
consecuencia de esto, muchos jóvenes creadores se instalaron en
París, buscando en la capital francesa las condiciones favorables a
la expansión de su talento. París ofrecía la libertad total y un
ambiente propicio para la creación de nuevas formas y la ruptura de
moldes artísticos. Como no podía ser menos, Benjamín Palencia marchó
a la capital del Sena, donde estableció su residencia durante un
periodo de dos años, aunque alternó dicha estancia con repetidos
viajes a España. Allí comparte estudio con Pancho Cossio, asiste a
clases de dibujo en la Grande Chaumière y va con regularidad a las
tertulias que tenían lugar en Montparnasse. |
Aunque Palencia nunca manifestó haberse encontrado bien
en París, lo cierto es que pudo contactar con el grupo
de artistas que formaron la denominada Escuela Española
de París y todos aquellos que estaban vinculados a la
revista Cahiers d´Art y a los críticos
Zervos y Tériade. Estos artistas de origen español no
eran otros que Francisco Bores, José Mª Ucelay,
Francisco Peinado, Hernando Viñes, Manuel Ángeles
Ortiz, Ismael de la Serna, Pablo Gargallo, Manolo Hugué,
Joan Miró, Salvador Dalí e incluso Picasso y los
franceses Braque y Cocteau. |
Benjamín Palencia se introduce en la dinámica del Arte
nuevo en el momento de mayor impacto del retorno al
orden. Algunas de las naturalezas muertas y
bodegones que realizó hacia 1925 ya poseían una
contundencia formal que le aproximaba a la pintura
metafísica y Valori Plastici. A partir de
ahora, sus pinturas acusarán dos influencias
fundamentales. |
Por un lado, un lenguaje tardocubista o neocubista que le
aproxima al concepto de pintura pura ( que
tanto había potenciado Juan Ramón Jiménez a través de
clasicismo picasiano ingresco), desarrollado en
composiciones planas con un fuerte acento plástico en el
colorido y profusión de formas redondeadas u orgánicas,
sin abandonar la geometrización, y una pincelada
resuelta que en determinados lugares se hace
transparente, llegando a dar sensación de ser pintura
sobre pintura. |
Por otro, la fusión del cubismo con el automatismo de
los surrealistas, que da lugar a la introducción de un
grafismo muy espontáneo. Es lo que conocemos como
figuración lírica. De aquí partirá su
búsqueda de lo original y lo primigenio, en esa
disposición de masas opacas de materia mezclada que
llevará hasta sus últimas consecuencias en la Escuela
de Vallecas. |
Se trata, en suma, de composiciones más depuradas, pero
a la vez más ágiles y espontáneas. La nueva tendencia,
producto de la fusión de valores cubistas y
surrealistas, fue promovida desde Cahiers
d´Art, siendo sus principales valedores
internacionales los críticos de arte Tériade y Zervos
y, en España, Sebastiá Gasch ( desde las páginas de
revistas como L´Amic des Arts o La
Gaceta Literaria). La figuración lírica y el
concepto de pintura pura se instaló definitivamente en
la obra de Benjamín Palencia, que a partir de estos
años comienza a situar su obra en un estadio que podría
calificarse ya de madurez. |
Progresivamente sus pinturas y sus dibujos se irán
transformando y decantando hacia la libertad expresiva
propia del credo surrealista. |
Igualmente, la temática de sus lienzos se transforma,
abandonando paulatinamente los bodegones en pos del
paisaje castellano y realiza una magnífica síntesis
entre tradición y vanguardia.. Es en este momento cuando
inicia sus excursiones por Vallecas con el escultor
Alberto Sánchez, que constituyeron el origen de la
Escuela de Vallecas. A estas salidas al
campo se sumaron varios artistas e intelectuales: Maruja
Mallo, Ángel Ferrant, Juan Manuel Díaz-Caneja,
Francisco Lasso, Rafael Alberti, José Bergamín, Luis
Felipe Vivanco, Manuel Moreno Lacasa o Enrique Serrano.
En una entrevista que publicó El País en 1980,
Benjamín Palencia relató los comienzos de tan
controvertido grupo, en la que afirmó que La
Escuela de Vallecas fue una iniciativa mía. Encontramos
a Alberto que ya dibujaba con ideas muy parecidas, muy
revolucionarias. Cambiamos impresiones y me interesó. Yo
le hablaba de París, de la escultura; no era lo que se
hacía aquí. Yo recibía Cahiers d´Art y
le hablaba de los grandes escultores modernos, de
Brancusi....Él se enamoró de este mundo. Al ir
aclarándonos sobre estos pasos, pasos muy decisivos pero
todavía no demasiado precisos, comprendimos que había
que hacer un arte que no se pareciera al de los demás,
un arte nunca visto, nunca hecho. Esto fue algo que nos
impusimos Alberto y yo. |
Alberto Sánchez fue mucho más explicito en sus
comentarios sobre el origen de la Escuela de Vallecas,
confesando que quería hacer un arte revolucionario que
reflejara una nueva vida social, que yo no veía
reflejada plásticamente en el arte de los anteriores
periodos históricos, desde las Cuevas de Altamira hasta
mi tiempo. |
Durante un periodo bastante largo, a partir de 1927, más
o menos, Palencia y yo nos citábamos casi a diario en la
Puerta de Atocha, hacia las tres y media de la tarde,
fuera cual fuese el tiempo. Recorríamos a pie diferentes
itinerarios (...) y nos dirigíamos hacia Vallecas. |
Terminábamos en el cerro llamado de Almodóvar, al que
bautizamos con el nombre de Cerro Testigo porque de ahí
había de partir la nueva visión del arte español. Una
vez en lo alto del cerro (...) abarcábamos un círculo
completo, panorama de la tierra, imagen de su redondez.
Aprovechamos un mojón que allí había para fijar sobre
él nuestra profesión de fe plástica: en una cara
escribí mis principios; en otra, puso Palencia los
suyos; dedicamos la tercera a Picasso. Y en la cuarta
pusimos los nombres de varios valores plásticos e
ideológicos, los que entonces considerábamos más
representativos; en otra cara aparecían los nombres de
Einstein, El Greco, Zurbarán, Cervantes,, Velásquez y
otros... (...) Queríamos llegar a la sobriedad y a la
sencillez que transmitían las tierras de Castilla. Era,
en el fondo, un movimiento equiparable a lo que en
tiempos fueran los impresionistas. Metíamos la cabeza
entre las piernas y veíamos cómo se transformaba toda
la visión del paisaje; descubríamos por este
procedimiento la rutina de los ojos, porque la postura
nos cambiaba toda la visión...De todo esto surgió la
idea de lanzar una nueva escuela, la Escuela de Vallecas. |
Tomamos la cosa con verdadero fanatismo. Nos dimos a
coleccionar piedras, palos, arenas y todo objeto que
tuviera cualidades plásticas, hasta el extremo de que
una vez encontramos en un barbecho de Vallecas un zapato
viejo de mujer y sobre el hallazgo comparamos los dos
mundos: el del campo abierto y el del interior de Madrid. |
| Esto nos hizo lanzar el grito de ¡VIVAN LOS CAMPOS
LIBRES DE ESPAÑA¡. |
Bajo tan singular epígrafe, Benjamín Palencia y Alberto
Sánchez se propusieron introducir en el anquilosado
panorama español un Arte Nuevo de carácter
nacional, ni más ni menos, que con la intención de
ponerlo en pie de igualdad con el que venía de París.
Nunca se llegó a formar un movimiento equiparable
a lo que en tiempos fueran los impresionistas, tal
y como Alberto pretendía; lo que si lograron fue
revitalizar uno de los géneros de mayor tradición en
nuestro país: el género del paisaje castellano. La
concepción que tenían de modernidad la mayor parte de
los artistas en aquellos años podía ser radical en
algunos aspectos, pero, en general, lo que deseaban era
una renovación que no supusiera una ruptura con la
tradición, sino más bien una continuidad que adaptase
los nuevos lenguajes plásticos. |
El paisaje ha sido un género de gran tradición en el
arte español, especialmente en el siglo XIX, en que
aparece en España toda una generación de artistas
centrados en la representación de un paisaje realista y
naturalista que, ante todo, pretender llevar a cabo una
representación fiel del natural. De hecho, se crea por
vez primera la Cátedra de Paisaje en la Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando con el magisterio ejercido
por Carlos de Haes. Posteriormente, los pintores
noventayochistas retoman el género del paisaje
castellano, que plasmarán con una visión más
pesimista, muy acorde con su concepción de la España
Negra. No será así la mirada hacía Castilla de la
Escuela de Vallecas. El propio Palencia manifiesta una
posición radicalmente opuesta. Lo explica con estas
palabras: No comprendo la tristeza de España. Su
luz, su color, las materias de su paisaje, el pino, el
olivo, su arena ocre, llenos de alegría y sobriedad, no
pueden ser tristes. Ahora el paisaje es plasmado en
el lienzo con una estética de raíz surrealista y una
gran fuerza poética, a lo que se unirá una novedad: el
empleo de materiales extraídos del propio paisaje (
tierras, arenas, cenizas, etc.) un tanto inusuales en la
práctica pictórica del momento, por lo que ha sido
calificado de surrealismo telúrico.
Igualmente, la captación del paisaje se realiza desde un
punto de vista muy próximo, acercando la mirada hacia la
esencia que lo constituye, hacia su composición
orgánica e inorgánica. Se trata de un
reconocimiento estético de la naturaleza
agraria. Las palabras de Benjamín Palencia son muy
claras en este sentido: El surco que abre el arado
en la tierra es, para mí el concepto más plástico,
más eterno y encierra más poesía que todo lo que me
puedan enseñar los Museos y las Academias...El hombre
puro del campo, por instinto, cuando tiene que operar con
el ritmo del arado, ara convirtiendo la tierra en
triángulos y cuadrados, cumpliendo así una necesidad lo
mimo que el artista o artesano cuando siente la necesidad
de expresar sus ideas en figuraciones rítmicas. |
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Sin abandonar nunca la figuración, Palencia comienza a
introducir en sus composiciones algunas referencias
abstractas, como evidencia la esquematización y
simplificación de sus representaciones durante estos
años, que manifiestan, ante todo, una gran libertad
expresiva. Al llegar los años treinta refuerza la
búsqueda de lo primitivo y de lo
primigenio, introduciendo signos o ideogramas
compuestos por extrañas formas de aspecto óseo o
lítico que nos conducen a mundos prehistóricos o
imaginados. Sus obras recuerdan los iconogramas de los
abrigos rocosos tardopaleolíticos o mesolíticos de
Levante. Serán representaciones, muy orgánicas, que
abarcan un amplio repertorio iconográfico de
inspiración surrealista sobre fondos esencialmente
planos, remitiéndonos a un universo onírico de
naturaleza rural o agraria colmado de misterio, como
muestran sus Metamorfosis, Fosiles, Formas
prehistóricas, Composiciones surrealistas y
Tauromaquias. Palencia pasa de la pintura pura a una
peculiar concepción del surrealismo, mostrando evidentes
concomitancias con unos dibujos que Picasso preparó
hacia 1927 basándose en La Crucifixión de
Grünewald ( publicados en Cahiers
d´Art y en el primer número de la revista
Minotaure). Igualmente serán perceptibles
algunas referencias a la obra de André Masson, Paul Klee
e incluso Joan Miró. |
Este tipo de obras adscritas al surrealismo, se completan
con unos dibujos que realiza en estos momentos, en los
cuales construye las formas partiendo del color. De
hecho, entrará a formar parte del efímero Grupo de Arte
Constructivo, fundado en Madrid por Joaquin Torres
Garcia. La única salida pública de este colectivo será
en octubre de 1933, en unos de los espacios del habitual
Salón de Otoño de la capital. Allí exhibirá Palencia
dos pinturas junto a los trabajos del propio Torres
García, Alberto Sánchez, Julio González, Moreno Villa,
Manuel Ángeles Ortiz, Maruja Mallo, Narciso Díaz Yepes,
Rodríguez Luna o Francisco Mateo.. No obstante, Palencia
no asimilará completamente el modo de concebir el arte
de este movimiento, si bien se aprecia en su obra la
potenciación de ciertos aspectos propios de los
cosnstructivistas, como la organización de planos y
volúmenes, que se combinarán con el sólido influjo
picasiano y con el surrealismo. |
Otro de los acontecimientos que dejó una profunda huella
en la obra de Benjamín Palencia fue su viaje a Italia en
1930. Allí contempló las pinturas de los grandes
maestros del arte italiano de todos los tiempos: Giotto,
Paolo Cuello, Piero della Francesca, Rafael, Tiziano o
Tintoretto. |
Especial impacto le produjo el primero de ellos, tanto
que en 1934 la revista Cruz y Raya publicó
un ensayo realizado por él titulado Giotto, raíz
viva de la pintura. De él le interesan
especialmente los elementos sensoriales de sus frescos;
además, sabemos por los relatos de Vasari que este
insigne pintor del trecento italiano fue pastor en su
niñez, de ahí, el enraizamiento en la tierra de sus
creaciones. Durante su periplo italiano, Benjamín
Palencia realizará numerosos dibujos y apuntes, y años
después, seguirá investigando el uso de la
sección áurea y la divina
proporción de Luca Pacioli, que tiene su origen en
los tratados de Euclides, pero que adquirieron una gran
repercusión durante el Renacimiento, como él mismo pudo
comprobar al contemplar las obras de este periodo. La
inspiración italianizante de Palencia seguirá siendo
palpable en su creación tras la Guerra Civil, además
infundirá estos valores a los jóvenes pintores que se
reunieron en torno a él en la Segunda Escuela de
Vallecas. Es más, Palencia fue uno de los primeros
artistas españoles ( junto con Dalí) en acusar la
influencia de Valori Plastici y la pintura metafísica
realizada por Giorgio de Chirico, Carlo Carrá o Giorgio
Morandi ( de hecho , existen naturalezas muertas llevadas
a cabo por él, durante los años veinte, presididas por
este influjo). |
Durante los años previos al estallido de la Guerra
Civil, Palencia se encuentra muy vinculado a los
círculos republicanos y colabora como director
artístico en La Barraca, grupo de teatro
universitario fundado por Federico García Lorca y
Eduardo Ugarte entre 1932 y 1936 con el objetivo de
acercar la cultura a los pueblos de España mediante la
representación de obras clásicas. |
Palencia ya había participado en este tipo de
espectáculos en otras ocasiones, y diseña el anagrama
del grupo ( la archiconocida máscara de teatro
superpuesta a la rueda del carro, además de los
decorados y figurines para La vida es sueño de Calderón
de la Barca). Durante estos años Palencia hace unos
dibujos que guardan cierta relación con los de Lorca,
especialmente algunos de técnica mixta, muy naturales y
espontáneos, ejecutados a partir de líneas de trazo
sinuoso y ondulante. |
Aunque Palencia nunca se comprometió de un modo
explícito con la política ni se decantó abiertamente
por ningún partido, la crisis de la experiencia
democrática de la República debió constituir para él
un acontecimiento trágico (él mismo lo admitirá en
repetidas ocasiones). La Guerra Civil supone una tremenda
fractura en la trayectoria de la mayor parte de los
artistas e intelectuales con espíritu renovador de
nuestro país, que se verán obligados a exiliarse.
Benjamín Palencia permanecerá en Madrid durante la
contienda bélica, quedándose huérfano de
compañeros y amigos. Algunos mueren, como Federico
García Lorca o Miguel Hernández, pero, la gran
mayoría, se marcha hacia Francia, Rusia, Estados Unidos
y, preferentemente América Latina. Esta diáspora de
artistas e intelectuales hizo que el arte español más
renovador quedase desierto: Alberto Sánchez y Luis
Lacasa marchan a la URSS, Manuel Ángeles Ortiz,
Francisco Bores, Luis Fernández o José Maria Ucelay a
Francia, y Maruja Mallo o Alfonso Rodríguez Castelao se
establecen en Sudamérica. Esta horrible experiencia
será la causa fundamental de la diferencia que
habitualmente se establece entre la obra realizada por
Palencia antes y después de la guerra, hasta el punto de
poder distinguirse dos periodos. El más vanguardista y
renovador, anterior a 1936, y el de vuelta a un tipo de
figuración más realista o clásica tras el final del
conflicto. |
Ahora Palencia circunscribirá su vanguardismo a sus
dibujos más que a sus pinturas, dedicando su producción
casi exclusivamente a la pintura de paisaje e impulsando
nuevamente la Escuela de Vallecas,
experiencia que se prolongará hasta los primeros años
de la década de los cuarenta. Benjamín Palencia ya es
consciente del papel que representa para el arte
español. Él mismo explica a Francisco Rivas ( en una
entrevista que tuvo lugar un año antes de su
fallecimiento) cómo se originó la Segunda
Escuela de Vallecas ( a la cual, él prefirió
denominar CONVIVIO): |
Después de la guerra me presentaron a unos jóvenes:
Álvaro Delgado, Carlos Pascual de Lara, San
José....Ellos se interesaron mucho por conocer mi
estudio y mis cosas. Yo les dije que no, que era muy
pronto....; yo no tenía todavía mucha confianza en
ellos, en su vocación para la pintura.. Me resistía
mucho, pero, debido a su insistencia, les invité a mi
estudio. Vinieron, se deslumbraron un poco y empezaron a
decir que podíamos reunirnos. Yo les dije que no era
pintor para darles clases en un interior, que les
enseñaría ante la naturaleza, ante el paisaje. Hicimos
los primeros paseos y les explicaba el campo, la
distancia, la tierra... siempre en el sentido plástico:
íbamos hacia Vallecas ...,el único sitio por donde se
podía salir de Madrid después de la guerra, porque los
caminos del Norte estaban llenos de bombas...El pueblo de
Vallecas era modestísimo, de yeso, muy bonito, de gran
calidad plástica. Allí pusimos el estudio y
trabajamos. |
Una vez más Palencia vuelve a poner el acento en la
calidad plástica del paisaje vallecano. Los
protagonistas de sus composiciones vuelven a ser los
campos secos, los horizontes infinitos y abiertos, los
cerros suaves, los animales domésticos y los labradores.
No se trata ya de las figuras de aquellos campesinos y de
las panorámicas de inspiración surrealista; ahora estos
paisajes acusan una tendencia de corte tradicional,
tendente hacia una plástica menos experimental, que se
irá alejando de las experiencias vanguardistas. Tampoco
será el realismo tradicional que apoyaban los estamentos
oficiales e institucionalizaban las Exposiciones
Nacionales del Régimen. Palencia seguirá trabajando en
algunos de los aspectos de su etapa anterior, sin
abandonar nunca esa síntesis entre tradición y
modernidad. No se trata de una representación fidedigna
del natural, ya que el paisaje continua siendo un
pretexto para subjetivizar los valores plásticos. Todo
ello empleando unas gamas de color muy restringidas en
unas composiciones de ritmos sinuosos y factura
consistente que, en algunos aspectos, se vuelve
expresionista. Poco a poco el color se va encendiendo, la
paleta se vuelve más intensa y potente (incluso se llega
a hablar de un colorido fauvista ), las formas adquieren
un mayor volumen y aumenta la preocupación por los
aspectos lumínicos. Estas composiciones paisajísticas
manifiestan, por otra parte, cierta homogeneidad
iconográfica y estilística. |
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El balance de la Segunda Escuela de Vallecas
no es mejor que el de la primera. Palencia no obtiene el
éxito esperado debido a los problemas internos del
grupo. Eso sí, este segundo renacer del grupo vallecano
supuso el antecedente más inmediato de la Escuela de
Madrid, de la revitalización del paisaje, y, con ello,
del redescubrimiento de la realidad española, al margen
de las dificultades ideológicas y políticas que otros
géneros podían provocar. |
Fernando
Francés
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