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COMENTARIOS A LA OBRA DE
BENJAMÍN PALENCIA |
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Ritmo alegre y feliz de este
Benjamín español, sano y puro, que, escondido en su
visión primaveral interior- todavía revuelta de confuso
entretiempo-, defendiendo de lo grande por la
arisca enredadera de sus venas de sangre en risada
abstracción, se embriaga pintando líquida, aéreamente-
ávido ya y aún de la firme arquitectura secreta de lo
claro, flores, mujeres, aguas, cristales, cielos, peces,
niños... |
Está nuestro pintor- un
niño también casi- hundido todo él, como en un soleado
mar hermoso, en la profunda virtud primera del artista;
la sensualidad; ese hacer lo que a uno le da la gana, que
es lo que hace, hasta llorar, patear y pegar- ¡fuerte!-
si no les dejan, los perfectos artistas que son los
niños; que es lo que están haciendo estos niños que
van ahí delante de nosotros por el libro...Y en la
expresión de esa sensualidad- bien se ven en la breve y
aguda colección presente, de su arte menor-, Benjamín
va flechando a la síntesis. Sensualidad y síntesis.
¿Necesita otras armas, otras manos, el creador? |
Aún suda risueño el creador,
y agita su pelo- que se silvestrea todavía, vegetal,
faunesco de su alma infantil-, ante la terrible belleza
desnuda. |
Aún depende- colgando del hilo
deleitable- de su propio milagro cenital, que,
balanceándole elásticamente al viento ingenuo del loco
entusiasmo diario, lo posa ciego, aquí y allá en la
pasión más alta. Pero ya tocado Benjamín, en la frente
limpia, por el alboreo de la segunda aurora- la segunda
que sólo vuelve al elegido; la que no tuerce más sus
carmines-; ese instante en que la sencilla rosa sublime y
difícil de buen gusto- la tentadora calidad única-
acaba por embelesar para siempre, por clavar ante su
desnudez, como una bandera consciente de amor, de dicha y
de luz, al divino artista humano. |
NIÑOS. Biblioteca
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Juan Ramón
Jiménez |
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