En cuanto a Benjamín Palencia,
que había llevado muchos años de incansable dibujar y
correr nuestra España, apareció como el extraordinario
maestro que era. Su pintura, que pudo ser calificada como
integración y cabecera del fauvismo español, descubrió
en sus enterizos colores todo un costado de nuestra
patria, sin duda, el más robusto e inédito, también el
más completo al recoger el sol, los sembrados, los
montes, las perdices, las truchas, los campesinos y los
niños del viejo y querido solar. |