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La inmensa
fuerza telúrica de la obra de Oswaldo
Guayasamín da la impresión de que el artista
ha venido a traer al mundo el testimonio
reflejado en pintura de la tierra de sus
antepasados y del hombre americano. Desde
su juventud no ha dejado de contar los
dramas y la miseria que ha vivido y
encontrado, en un enérgico llanto,
apasionado, movido a favor del hombre, en el
que cree profundamente con un cariño
infinito. A través de esa mezcla de carne
lastimada y de espíritu puro, se ve aparecer
un mundo más justo y de una vida mejor. El
amor y la fe salvan al hombre de Guayasamín;
así transfigurado, su pintura se vuelve
activa. |
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|
Jacques Lassaigen |
|
Director del
Museo del Arte Moderno |
|
de la Ciudad
de París |
|
EL
GUITARRISTA |
|
Óleo sobre
tela
143 x 203
1977 |
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La inmensa
fuerza telúrica de la obra de Oswaldo
Guayasamín da la impresión de que el artista
ha venido a traer al mundo el testimonio
reflejado en pintura de la tierra de sus
antepasados y del hombre americano. Desde
su juventud no ha dejado de contar los
dramas y la miseria que ha vivido y
encontrado, en un enérgico llanto,
apasionado, movido a favor del hombre, en el
que cree profundamente con un cariño
infinito. A través de esa mezcla de carne
lastimada y de espíritu puro, se ve aparecer
un mundo más justo y de una vida mejor. El
amor y la fe salvan al hombre de Guayasamín;
así transfigurado, su pintura se vuelve
activa. |
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Jacques Lassaigen |
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Director del
Museo del Arte Moderno |
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de la Ciudad
de París |
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EL
GUITARRISTA |
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Óleo sobre
tela
143 x 203
1977 |
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