Galería Ignacio de Lassaletta
Rambla de Catalunya 47 - 08007 Barcelona - Tel.:93.488.02.21 Fax.:93.488.00.06
 
 
 
 
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Jaume Plensa
Críticas

 

 

 

 
 
 

EL PAÍS, sábado 19 de noviembre de 1983

 
 

Plensa y la escultura de los ochenta

 
 
ROSA QUERALT

JAUME PLENSA
Galeria Ignacio de Lassaletta.
Rambla de Catalunya, 47, Barcelona.
Mes de noviembre.

Desde la vertiente práctica y la teórica, artistas y estudiosos han manifestado repetidamente la necesidad de que la obra de arte vaya datada, han insistido en que para transmitir emoción debe estar formada por elementos correspondientes a un sistema estético resultante de su época. A pesar de que no puede afirmarse en absoluto que la amplitud de formulaciones de la escultura haya sido menor en este siglo a la pintura, en cambio sólo hasta fechas muy recientes no han aparecido en la joven escultura española algunos de los rasgos que caracterizan lo que ya podemos llamar sensibilidad de los ochenta: ese ir a la búsqueda del tema, la agresividad, la estructura rudimentaria, la monumentalidad y la detonancia, el anti-idealismo, la jerarquía del sentimiento directo y del espontaneísmo...

Los últimos planteamientos de Jaume Plensa (Barcelona, 1955) han conectado también con la nueva sensibilidad, y las obras que ahora expone suponen un giro radical respecto a su producción anterior. El cambio empezó al abordar una especie de collage escultórico donde los desechos metálicos se convertían en formas y se consolidó al emplear la soldadura a la forja y emplear la plancha virgen. Si una determinada forma o accidente le suceden, toman preponderancia, imponiéndose la cualidad expresiva de manera instintiva.

Una buena inventiva y una excelente capacidad de ejecución le empujan a multiplicar los detalles, a explorar cada intuición, a desarrollar por sí mismo a partir de sus propias necesidades algo no aceptado de antemano.

No acumula apuntes previos y raramente trabaja a partir de un dibujo.

 

Así, las obras sobre papel que también expone, aunque tienden a enfatizar la expresividad de los materiales- betún, alquitrán, talco...- y parten de la idea de yuxtaposición de todas formas, dos principios muy presentes en sus trabajos tridimensionales, por lo demás son completamente independientes de ellos.

Hay una defensa implícita de la libertad al intentar emular el acto de creación casi como una catarsis automática- mucho más tratándose de materiales y presupuestos escultoricos-, así como una defensa de la imaginación contra aquellos postulados basados o bien en la racionalización excesiva o bien en el bricolaje o la física recreativa.

Esta forma de concebir la escultura como juego de la materia, ese aliento vital que consigue otorgarle a base de torsiones o de los accidentes de la plancha- que a veces todavía resalta con la soldadura-, dan muy buenos resultados expresivos y comunicativos. Reforzados además por las dimensiones exageradas, desproporcionados por ese sentido que demuestra el emblema volumen amplificado, por ese jugar al desgarbo, al difícil equilibrio o la suspensión aérea, en su lucha por escapar a los riesgos de la masa.

Algunas piezas funcionan bien como conjunto de fragmentos. Pero en otros casos el hecho de que previamente no se haya precisado con claridad el carácter del objeto que se quiere construir conlleva ciertos defectos de redundancia, algún cambio intrincado, y la expresión resulta más confusa. Pienso, de todos modos, que Plensa, para quien la práctica del arte es una sucesión de experiencias, va a seguir prefiriendo actuar instintivamente bajo cada impulso, trabajando a base de tanteos, aciertos y errores, remendando en otra obra lo que sale mal en la que está haciendo.