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Es el barcelonés Jaume Plensa
(1955). Hasta no hace mucho tiempo parecía obsesionado
con la idea del equilibrio: las obras de entonces eran
juegos de pesos y tensiones que. a veces resultaban
bastante estáticas. Ahora podemos ver, no obstante, que
ese trabajo (Plensa siempre será un constructor) es la
base de algo infinitamente más creativo y delirante, sus
personajes máscaras y animales. Las referencias son
tanto la revisión de culturas primitivas africanas y
americanas como un conocimiento sorprendente de lo mejor
de la escultura de este siglo, Julio González y David
Smith sobre todo. Ellos sirven el lenguaje, aquéllas la
evocación; y el resultado no admite ningún control, sí
en cambio, el elogio más radical a quien debe
convertirse en uno de los mejores escultores de la
segunda mitad del siglo XX. |