Galería Ignacio de Lassaletta
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Jaume Plensa
Críticas

 

 

 

 
 

Plensa,

por libre y con minúsculas

 

No hay duda de que en la actualidad del Arte con mayúscula, el Arte-Producción, el Arte Empaquetado, aunque vestido de irrespetuosa indiferencia, abruma a las audiencias y propicia las carreras.

Es ahora mucho más difícil que antaño ser “libre” y no gregario, y no sucumbir a los imperativos prepotentes de las “mayúsculas”. Así pues, el artista de la generación más joven, aquel del que se supone tiene la suficiente distancia para sustraerse a cualquier rémora racionalista o mesiánica, ha de tener mucho de espíritu libre y poco de acólito; si algo se le exige es la virtud, sin más juez que él mismo.

El que haya usado aquí un prólogo, tal vez solemne en exceso, no quiere decir que encuentre Plensa un arquetipo para hoy en día, no pretendo siquiera buscarlo en realidad. Pero sí quiero constatar que en él concurren esas cosas. Ciertamente no será el único en la palestra que hace gala de una actitud genuina y consistente, pero tampoco hay muchos, nunca los ha habido, unos ni sienten inquietud; otros no cesan de deambular sin concretarse.

La obra escultórica de Plensa se expone durante octubre y noviembre en la Galería Ignacio de Lassaletta de la Rambla de Catalunya. ahí están los resultados de un esfuerzo silencioso y atrevido, que tiene una doble dimensión, la del sentimiento y la de la ejecución práctica. La obra actual fue precedida por otra ya logradísima, de factura constructiva, elaborada con un alfabeto de líneas, tensiones y contrapesos en cuidado y sutil equilibrio, afectada de leves simbolizaciones pero muy retenida por las exigencias espaciales. La importante mutación habida en la aproximación creativa de Plensa no obedeció a una consecuencia lógica de la pericia alcanzada, como a una crisis a consecuencia de un desequilibrio entre la destreza conseguida y la necesidad expresiva subyacente.

Viró radicalmente a resultas de esa angustiosa contradicción que le impelía o al cambio o a agotarse por repetición. La forma, las texturas, la verticalidad y escala pasaron a articularse en un discurso diferente, sin evitar las referencias, las evocaciones y el impulso subjetivo. Plensa configura ahora sus obras sin obominar en la apariencia, sin erradicarla; trabaja artesanalmente el material aceptando sus calidades orgánicas y transfigura en sucesión las imágenes deseadas al principio o sugeridas después por cortes, adiciones y torsiones. Las obras están dotadas de simbolismo, pero no de narrativa y parecen emerger de un mundo zoomórfico y torturado, nacido del residuo y del desorden. Es un universo de hierro y cobre, a la vez mecánico y visceral, empapado de erotismo y deformación.