Galería Ignacio de Lassaletta
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Miguel Rasero
Críticas

 

 

 

 
 
 
 
Galería Trece - Ventalló, 2000
 
LA LUZ EN LA NEGRURA
La luna, la nave, el astronauta: están a pleno sol y el cielo es negro. Sucede, simplemente, que no hay aire, que están en el vacío verdadero. La luz nunca es visible en el vacío. Existe como un viaje en el espacio, pero sólo la podemos percibir si alcanza una materia. Lo vemos en las fotos de viajes especiales: el astronauta aparece iluminado, flotando rodeado de negrura.
Así aparecen también los objetos y los personajes en muchos de los cuadros que Miguel Rasero ha realizado en estos últimos cuatro años, que suponen un cambio radical respecto a su obra anterior. Se puede afirmar que configuran un nuevo ciclo, una espléndida “época negra” de Rasero que evoca la de Goya y remite incluso a la intemperie barroca de las mejores pinturas de Ribera.
Sin embargo, la luz en la negrura de estas obras es distinta que la de Goya, pues no es la de algo ausente en lo sombrío, ni anuncia una salida en lo lejano. La negrura es el fondo, el lugar o el escenario de esto cuadros, pero la iluminación no parece natural, sino teatral o sobrenatural.
No nos encontramos, pues, en la noche exterior, zona de sombra del mundo, lugar o situación antes que tiempo. No es ese dar la espalda a la fuente de la luz, a lo que alumbra. Ni es todavía el abismo, el fondo no alcanzado por la luz.
En estas nuevas obras de Rasero, la luz de los objetos y los cuerpos es extraña, convierte las presencias en algo extraño a su entorno. La luz visible la intemperie, y se diría que un abismo comienza donde acaba cada cuerpo y casa objeto.
El lugar parece un circo metafísico, escenario de acciones peligrosas, vitales quizá, pero también trágico. Acciones propias de funámbulos, equilibristas, acróbatas, personajes que pueblan algunos de estos cuadros, que habitan sus construcciones incompletas, que se mueven sobre unas estructuras caedizas, que viven situaciones inestables, en equilibrio precario de caída.

Los personajes, a veces con los rasgos borradizos, o con los cuerpos divididos por geométricos fragmentos, han acabado, en los cuadros más recientes, por desaparecer del escenario. Han quedado solamente los objetos alumbrados y el vacío. Pero la intensidad no ha disminuido, sin personajes ni anécdota, son los objetos- montones de tablones, cuerpos geométricos, redes o telas metálicas-, los que expresan una tensión dramática y una rara gravedad existencial. Hay dípticos donde dialogan las figuras geométricas ideales con la realidad temporal y erosionada de una red rota o gastada. Y hay, sobre todo, grandes trípticos, monumentales en su despojamiento, protagonizados por acumulaciones de tablones en equilibrio precario.

El tríptico, estructura que propicia simetrías, que expresa normalmente nociones como el equilibrio, la centralidad y la unidad, expresa aquí el desequilibrio, el peligro de caída, de fragmentación y dispersión. Y, paradójicamente, son los cuerpos ideales y geométricos los que producen el desequilibrio y el desorden.  En un magnífico tríptico, es una esfera, figura de lo pleno y lo central, lo que violenta con su presencia un frágil equilibrio y es causa de caída y dispersión.
Otro aspecto destacable es el empleo que ha hecho Rasero de los materiales, del soporte. No ha representado las tablas de madera pintándolas, sino dejando de pintar sobre el soporte de madera. En estas pinturas, la madera es representada mediante madera, el material es representado- casi presentado- mediante el propio material real, pero las aguas de la madera se extienden a través de distintos tablones, lo cual produce una rara sensación de irrealidad, porque además son las zonas vacías, no pintadas, las que representan objetos sólidos, formas y sustancias, que destacan en el negro vacío pintado.
Este empleo expresivo del soporte, que juega con la irrealidad de lo real, con la vacuidad de lo material, otorga a estas pinturas fuertemente físicas una dimensión metafísica, y es tan singular como el uso y el sentido que en estas obras ha dado Rasero a la iluminación, al equilibrio compositivo, a los elementos geométricos y constructivos y a la estructura del tríptico. Hallazgos que no son sólo formales, pues encierran sutiles alegorías sobre algunos aspectos de la existencia humana e incluyen elementos que parecen apropiados para un fin de siglo de inestabilidad y amenazas- desde el SIDA hasta  la destrucción del medio natural-, y para un siglo que ha visto como ciertos sueños de una razón incompleta se transformaban en pesadillas históricas.

Juan Bufill