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Rosó Cusó expone a
la luz las estructuras que conforman la naturaleza, como si las
propias esculturas fueran organismos biológicos que se fueran
reproduciendo o creciendo de formas autónomas. Los agujeros pueden
asimilarse a formas orgánicas, al flujo de la vida. El juego entre
luces y sombras, entre lo vacío y lo lleno adquiere ahora una mayor
importancia hallándose mediatizado por el tipo de iluminación que
reciben las piezas, elemento importantísimo para captar y comprender
la poética de las obras. El espacio escultórico y el vacío que
engloba, se define además de por la estructuración y articulación
plástica, por los valores que comporta su sistema de iluminación. Un
sentido trascendente las acompaña. Siempre ha habido una búsqueda
espiritual en la obra de Rosó Cusó y ahora el propio espectador el
que debe hallarlo en la contemplación de la pieza. |