Galería Ignacio de Lassaletta
Rambla de Catalunya 47 - 08007 Barcelona - Tel.:93.488.02.21 Fax.:93.488.00.06
 
 
 
 
Inicio
Artistas
Galería
Exposición
Catálogos
 
 
Ortega Muñoz
 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
NOVIEMBRE-DICIEMBRE 1981
 
 
 
 
 
 
RAMBLA DE CATALUÑA, 47
TELÉFONOS  301 05 90 - 301 06 36
BARCELONA - 7
 
 
   
 
 
 

PINTURA ESENCIAL

 
GERARDO DIEGO
De la Real Academia Española
 

La pintura es o no es: quiero decir una determinada pintura, la pintura de un pintor. La intuición no engaña. Nada más entrar en la sala donde se exhiban cuadros de Ortega Muñoz nos sentimos sobrecogidos ante la verdad, la perennidad, la esencia de su pintura. Se diría que rezan o meditan colgados en sus cuatro paredes los lienzos como monjes. Ortega Muñoz, nos decimos en seguida, es un pintor no de antología, sino de ontología, lo que es mucho más difícil. Pinta lo recóndito del ser, no su existencia aparencial. Lo que existe es fuera de sí, y los seres de Ortega Muñoz, sus hijos pintados, viven hacia dentro, perviven, necesarios, permanentes. Ahí están sólidos, plantados, esperándonos, sin prisa, con el más declarado y púdico amor, el amor que ahonda día a día en la contemplación y la convivencia. Y claro está que llamo seres no sólo a los entes humanos interpretados en sus cuadros, sino a las humildes bestias, los frutos, los árboles y las piedras. Y, antes que todo, a los lienzos mismos que son los verdaderos seres, los seres de primer grado.

 
 
 
 
 
 

En este juicio final de la exposición, de la posible exposición o sala de museo donde se reúnan cuadros de nuestro pintor. Siempre será un juicio final, otro novísimo de transfiguración hacia la gloria.

Ortega Muñoz pinta lo que le sale de dentro, aunque primero le haya entrado de fuera. En este doble camino, en este traspasar la entraña sensible y elemental del artista. reside la esencialidad y la fianza para siempre de su obra. No se hubiera podido realizar sin la más acendrada maestría. Por donde quiera que vaya la pintura de Ortega Muñoz, el museo va con ella. Tradición y vida nueva se conjugan en la fertilidad, en la solemnidad de estas figuraciones. Dominio del oficio y claridad del propósito. Una concepción grandiosa, sometida a la mayor austeridad de procedimiento y a la máxima sobriedad ascética. Condiciones que aseguran la esencia, que profundizan la realidad viva de una creación personal. Imposible equivocarse. Cada vez que tropecemos en lo sucesivo con una obra de este extremeño la reconoceremos; y no por la mueca externa ni por la manera inimitable, sino por el descubrimiento, la revelación de una vez para siempre de un sentido de ver y crear que esperaba su milagro natural.

Pintura mental, sí, y también pintura ingenua en el verdadero sentido de la palabra.

 
 
 
   
 
 
 

Lo contrario de lo ingenioso. Distinto también de lo genial. Pintura y pintor ingenuo, pero responsable. Ortega Muñoz sabe lo que hace y por reflexión unas veces o por intuición otras, por don nativo o por educación de la retina y frecuentación de la cultura, va edificando su obra, paso a paso. No hay temor de que se le hunda una bóveda, un paramento, como a tantos pintores, músicos, poetas alocados e impacientes. La obra de Ortega Muñoz respira serenidad y equilibrio, y su patetismo, en su fuego secreto, no comprometen la belleza y el reposo de la línea, el volumen y el color.

El pintor reconoce su preferencia por los primitivos, su amor más íntimo hacia los cuatrocentistas y aun trecentistas, hacia los planteamientos del arte cubista y abstracto. También hacia los expresionistas si son capaces de esencialidad y moderación en el frenesí domeñado. Todos los comentadores de la pintura de Ortega Muñoz coinciden en señalar la importancia de ser extremeño, que es la más extremada forma de ser español, sobre todo si ampliamos la Extremadura a su soriana cabeza y hermanamos Tajo y Duero, sin olvidar a Guadiana. Dentro de la Extremadura, el pintor ha nacido en su extremo Oeste. Desde su pueblo puede contemplar, respaldado en la tierra más blanda de Portugal, la perspectiva oriental hacia Castilla o puede seguir el curso de las aguas y

 
 
 
 
 
 

despedir al sol y a las nubes y arreboles del ocaso, como lo despide en efecto en varios paisajes suyos.

El Oeste de España ha sido siempre tierra de primitivos, de primitivismo, Juan del Encina o Torres Naharro, insobornables en su iberismo extremeño o charro hasta cuando se codeaban con Papas y con Cardenales en la Roma más fastuosa. O el ruralismo, el realismo mítico y sabroso de Zurbarán. Vamos por esos museos del mundo y nuestros pintores nos llaman a gritos de silencio desde las cuevas de sus cuadros. Su valor humano, su imponencia ruda y severa sobrecogen y anulan las elegancias refinadas, las opulentas sensualidades, los juegos reflexivos e intelectuales de las otras Europas que padecen la cercanía de los nuestros. España, Extremadura, son también esenciales, y por eso Ortega Muñoz, a imagen y semejanza de su patria y de su tierra, tenía que salir pintor esencial.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
 
 
 
 

Castaños

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Charco

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
 
 
 
 

Lanzarote

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Cruce de caminos

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
 
 
 
 

Caminos

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
GODOFREDO ORTEGA MUÑOZ
 
 

NOTAS BIOGRÁFICAS

1905 Nace el 17 de febrero en San Vicente de Alcántara (Badajoz).
1921

Termina el bachillerato en Salamanca. Se traslada a Madrid, donde comienza su aprendizaje artístico en el Museo del Prado, pronto abandonado por la pintura al aire libre.

1925

1930

Viaja incesantemente, a la vez que vive de su pintura: París, Turín, Milán -donde se detiene algunos años- Austria, Dinamarca, Holanda, Alemania, Suecia, Noruega, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto.

1930

1935

Vive en Stressa, a orillas de1 1ago Mayor. Amistad con el acuarelista inglés Rowley Smart, compañero de Augustus John.

1935

Vuelve a España.

1936

Contrae matrimonio con Leonor Jorge Avila. En su compañía recorre Francia, Suiza, Bélgica, Dinamarca, Suecia y Alemania, etc.

1939

Regresa definitivamente a España. Instala su estudio en Valencia de Alcántara.

1952

Se traslada a vivir a Madrid, aunque sigue haciendo prolongadas estancias en el campo.

1954

Gran Premio de la II Bienal Hispanoamericana de La Habana.

 
 
 
   
 
 
 
1956

Sala de Honor de la III Bienal Hispanoamericana en Barcelona.

1958 Sala especial en la Bienal de Venecia.
1968

Sala de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

1970

Exposición antológica en el Casón del Buen Retiro.

Diputación de Barcelona, Dirección General de Bellas Artes, Exposición Sala Gótica Biblioteca de Cataluña.

Dirección General de Bellas Artes, Exposición Palacio Mudéjar de Sevilla. Badajoz, Exposición Casa de la Cultura de la Excma. Diputación Provincial.

Medalla de Oro de la crítica de Barcelona.

1978

Badajoz, Medalla de Oro de la Provincia.